Cortes y rey en el Trienio Liberal español (1820-1823)

Encarna García Monerris y Carmen García Monerris
Universitat de València

A pesar de la fuerza de la contrarrevolución entre 1814-1820, los intentos insurreccionales liberales, dentro y fuera de España, acabarían triunfando en enero de 1820. Como en otros lugares de Europa, el liberalismo retomaba una nueva andadura en la que se mezclarían, sin solución de continuidad, las experiencias revolucionarias anteriores y la posterior represión. Tanto la cultura política liberal como la antiliberal se conformaban por oposición. Los individuos, las élites políticas, el propio monarca, todos acaban atrapados en la nueva realidad incierta, cambiante y en crisis. La experiencia que abre 1820 fue especial, pues muestra por primera vez al rey conviviendo conflictivamente con el Parlamento, con legislativo. La Constitución de 1812 por primera vez tenía ocasión de desplegarse en su totalidad. Nuestra propuesta de trabajo tiene como objeto fundamental de estudio la dinámica parlamentaria y el propio Parlamento. Queremos hacer una historia parlamentaria que, desde la perspectiva metodológica de la nueva historia política, responda al presupuesto teórico y práctico del primer liberalismo de la centralidad del legislativo y del parlamento.La centralidad, en efecto, no es sólo institucional, sino también política. El Parlamento no sólo es el representante de la soberanía en conjunto de la Nación; no sólo es el órgano legislativo con un determinado mandato normativo-constitucional. La situación revolucionaria lo convierte de facto en un constructor de la realidad política misma, con unos resultados que traspasan en más de una ocasión los estrictos límites de la separación de poderes. Al respecto, deberemos prestar una especial atención a los conflictos generados con el ejecutivo; unos conflictos que no debemos dejar reducidos a los habidos en sentido estricto con la cabeza de ese ejecutivo (el monarca), sino ampliarlos a los protagonizados con diferentes Secretarías de Estados (o Ministerios) ocupados de ámbitos especialmente sensibles para la construcción de la nueva realidad (como los fiscales, educativos, religiosos, orden público, etc.).

Deberemos otorgar un especial “valor constitucional” a muchas propuestas que no son estrictamente “políticas”. Es cierto que la delegación efectiva y total de la soberanía es todavía bastante deficiente en estos momentos. El ejercicio de la soberanía no se atiene a los estrictos postulados que acabarían delimitando la clave de bóveda de los sistemas representativos: en manos de muchos sectores sociales ese ejercicio se convierte en acción política, en resistencia, en manifestaciones de índole varia, en protestas, adhesiones, motines o, incluso, crisis revolucionarias. Nuestro trabajo, por tanto, está especialmente atento a la interrelación dialéctica que se establece entre la acción de los diputados y la acción fuera del parlamento. No todo pasaba en el Parlamento, pero sí que todo pasaba por él.


Despite the strength of the counterrevolution between 1814-1820, liberal insurrectionary attempts, inside and outside Spain, would end up triumphing in January 1820. As elsewhere in Europe, liberalism resumed a new journey in which the previous revolutionary experiences and subsequent repression. Both liberal and anti-liberal political culture were shaped by opposition. The individuals, the political elites, the monarch himself, all end up trapped in the new uncertain, changing and crisis reality. The experience that opens 1820 was special, as it shows for the first time the king coexisting conflictively with Parliament, with legislative. The Constitution of 1812 for the first time had the opportunity to deploy in its entirety. Our work proposal has as fundamental object of study the parliamentary dynamic and the Parliament itself. We want to make a parliamentary history that, from the methodological perspective of the new political history, responds to the theoretical and practical budget of the first liberalism of the centrality of the legislative and parliament. The centrality was institutional and political. Parliament represents national sovereignty and is the body that legislates with a normative-constitutional mandate. The revolutionary situation makes it in practice a builder of political reality, with results that go beyond the limits of separation of powers. We must pay special attention to the conflicts generated with the executive. These are conflicts that are not reduced to those that have been strictly with the head of that executive (the monarch), but to extend them to those carried out with different State Secretariats (or Ministries) occupied in areas especially sensitive for the construction of the new reality (such as prosecutors, educational, religious, public order, etc.). We must give a special “constitutional value” to many proposals that are not strictly “political.” The effective and total delegation of sovereignty is still quite deficient at the moment. The exercise of sovereignty does not comply with the strict postulates that would end up delimiting the key to the vault of representative systems: in the hands of many social sectors that exercise becomes political action, resistance, manifestations of various kinds, protests, accessions, riots or even revolutionary crises. Our work, therefore, is especially attentive to the dialectical interrelation that is established between the action of the deputies and the action outside the parliament. Not everything happened in Parliament, but everything happened through it.